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En su libro Undoing Border Imperialism,[1] la periodista y activista Harsha Walia desarrolla el concepto de “Imperialismo de fronteras”, el cual cuestiona las modalidades y las redes de gobierno que determinan cómo las personas deben ser integradas al Estado nación y cómo el territorio debe ser administrado conforme a los dictados del imperio mundial y del capitalismo transnacional. El imperialismo de fronteras se dirige hacia las configuraciones que el Estado nación neoliberal tomó en los últimos años, y particularmente hacia uno de sus dispositivos más violentos, la administración de sus fronteras. Creo que esta perspectiva aporta un punto de vista escasamente referido en tantos análisis hechos recientemente a propósito de Trump, la frontera, y de eso que llamamos el Estado mexicano.

Como política, el imperialismo de fronteras fomenta la construcción racista, clasista y competitiva del migrante legal y justifica la criminalización del migrante catalogado como ilegal e indeseable. La estructura que sostiene la construcción de estas dos categorías es la idea del migrante eternamente extranjero, susceptible de ser explotado por el capital como mano de obra barata, de eventualmente ser admitido en el Estado nación pero jamás ser aceptado como un miembro de la comunidad nacional. El imperialismo de fronteras evidencia, además, la manera en que los temores coloniales occidentales relativos a la identidad y a la inclusión, están fuertemente ligados a las justificaciones racistas de las misiones imperialistas que no han cesado desde hace siglos, que han generado desplazamientos masivos, que han destruido comunidades en todo el mundo y que se han instalado como “nuestra” forma de vida.

El imperialismo de fronteras no es algo que pasa en las líneas fronterizas sino que se concretiza en acciones violentas en muchos espacios y territorios. De hecho, está por todos lados. Las leyes que criminalizan a los migrantes cuando trasgreden las fronteras de los Estados nación; las leyes relativas a la propiedad privada que acusan la trasgresión de sus límites, el allanamiento y el uso común de los espacios, y que a su vez legalizan la ocupación colonial y la división de la tierra en beneficio de quienes tienen poder (megaproyectos hidráulicos, mineros, etc.), todas esas leyes son formas de imperialismo de fronteras que nos segregan y jerarquizan. Los controles militares, los fraccionamientos cerrados, el edificio de una empresa, todos son espacios de frontera que separan zonas de acceso, inclusión o privilegio, de zonas de exclusión, invisibilidad y muerte. Por donde quiera que ellas se instalen, las fronteras y el orden que imponen, sirven para reforzar la apropiación de lo que antes era un bien común, en general, relaciones tipo apartheid sea esto en la esfera política, económica, social o psicológica.

En el marco de nuestra realidad actual (léase, Trump, la frontera, los deportados, EPN, Luis Videgaray y lo hecho en México), la cuestión va en dos sentidos. Primero, ¿cómo pedirle a un gobierno, el mexicano, que actúe en oposición a un imperialismo de fronteras cuando ese mismo gobierno se ha convertido en el dispositivo de poder que ejecuta al interior de la nación los mismos principios de ese imperialismo? (piénsese en la iniciativa Mérida, los permisos a megaproyectos en detrimento de comunidades rurales e indígenas, o simple y sencillamente en la sumisión a la economía neoliberal como única forma de desarrollo). Y segundo, ¿cómo pedir a una sociedad, la mexicana, que enfrente de manera alternativa una coyuntura a la cual arriba dominada por el influjo ideológico de ese mismo imperialismo? (y por tanto abrumada por el miedo, la violencia, la desconfianza, la inseguridad y la ausencia de proyectos colectivos, todo en un ambiente históricamente estructurado por el clasismo, racismo, la jerarquización y la desigualdad social).

La propuesta que ofrece la misma Harsha Walia y su colectivo No one is illegal, es la descolonización del imperialismo de fronteras: dicho de manera muy resumida, revisar la forma en que nuestra vida cotidiana y nuestra sociedad está organizada separándonos a los unos de los otros a través de jerarquías, muros, reglas de pertenencia, discriminaciones sutiles y autoritarismos constantes. En el caso mexicano, desmantelar ese imperialismo pasa también por abandonar el supuesto conformista, conservador e hipócrita (preferido por muchos opinadores, analistas y académicos, por cierto) de que aquí hay un Estado, un gobierno y una élite económica dispuestos a confrontar un proyecto imperialista de fronteras, supuestamente venido desde fuera. Esta es la realidad, creo, que como académicos y ciudadanos nos debería ocupar y preocupar, más allá del inmediatismo mediatizado del fenómeno Donald Trump.

Efrén Sandoval Hernández

13 de febrero de 2017

[1] 2013, Undoing Border Imperialism, Quebec, AK Press / Institute for Anarchist Studies / Anarchist Intervention Series.

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2 comentarios en “Imperialismo de fronteras / por Efrén Sandoval Hernández

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